EL ARTE DE ENCONTRAR TRABAJO

La situación actual del Mercado de Trabajo en España es, por decirlo suavemente, extremadamente difícil y poco motivadora. Con el inicio de la crísis, su negación, su posterior evolución con medidas que han hecho recaer todo el coste sobre los ciudadanos, la situación de nuestro sistema financiero y de la Deuda Pública, la última Reforma Laboral, los niveles de corrupción y nepotismo instalados en nuestra sociedad, la baja formación media de trabajadores y empresarios, la escasa capacidad histórica de nuestro tejido empresarial por crear valor añadido e innovación, una economía concentrada en pocos sectores y una visión monolítica de que “el Beneficio” a corto plazo es el único elemento de acción empresarial, han convertido a nuestra sociedad en un claro ejemplo de todo lo que no debe hacerse en un país que aspira a considerarse dentro del mundo desarrollado.

 

Esta crisis está suponiendo la desaparición de la clase media, los datos actuales y los últimos estudios al respecto apuntan a un cambio social profundo; el trasvase de la clase media a una nueva clase de parados y trabajadores pobres, sin distinción de edades ni niveles de formación. Y si hace no mucho el término “mileurista” tenía connotaciones peyorativas y se refería a los jóvenes a los que se les retribuía escasamente y por debajo de la media, hoy día llegar a esa cifra puede considerarse todo un logro para cualquier trabajador.

 

Estamos en una situación en la que se ha perdido la visión del necesario componente “social” de la actividad empresarial y del trabajo, ya sea de iniciativa privada o pública lo único que parece importar es el beneficio económico y lo más inmediato posible; y por tanto el trabajador se considera más como una molestia, un coste a reducir o a eliminar sustituyéndolo por tecnología allá donde sea posible y donde no, reduciendo su salario hasta el extremo. En este contexto, el trabajo y el que lo produce, el trabajador, han perdido su razón social de ser, y por esto se nos impele al autoempleo, eufemísticamente llamado emprendimiento, o para los más jóvenes a algo que creíamos completamente olvidado, de otras generaciones, la emigración.

 

En esta dura realidad, la búsqueda de empleo se convierte en una tarea muy difícil, y desde aquí quiero hacer mi contribución personal para aquellas personas que se resisten a verlo todo negro y están dispuestas a esforzarse por conseguir algo mejor para ellos y sus familias.

 

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ANSIEDAD

COMPONENTE FISIOLÓGICO Y BIOQUÍMICO. RESPIRACIÓN

La ansiedad es el trastorno más extendido en nuestras modernas sociedades occidentales, los estudios epidemiológicos han encontrado que el 20% de la población tiene o acabará teniendo algún trastorno de ansiedad a lo largo de su vida. Por esto, una gran parte de las consultas a un psicólogo tienen como trasfondo la ansiedad y las dificultades para manejarla.

 

Puede parecer que la ansiedad es la pandemia de las sociedades urbanas actuales, hasta el punto de que el consumo de todo tipo de ansiolíticos y/o actividades para su control, se han generalizado y se ven como algo normal. Y aunque históricamente ha sido y es la estrella de la mayoría de estudios por parte de la Psicología y se ha avanzado en su tratamiento farmacológico, la sensación que nos queda es que muy lejos de haber reducido su incidencia, la ansiedad se ha ido extendiendo como una imparable marea negra con la que hemos de acostumbrarnos a vivir. Parece que estamos haciendo algo mal.

 

El hombre moderno actual se percibe a sí mismo como un sujeto fuera de las reglas de la Naturaleza, ya que la hemos dominado, poniéndola al servicio de nuestras necesidades o eso nos gusta creer. En los grandes núcleos urbanos actuales vivimos de espaldas a esa realidad que llamamos “el campo, la montaña, la playa…”, por lo que se nos olvida que somos en gran medida una “máquina biológica” y que hasta hace muy poco tiempo, hablando en términos evolutivos, nuestra especie deambulaba por el planeta en pequeños grupos donde todos se conocían, se necesitaban y se valoraban; unidos por fuertes vínculos familiares, que sobrevivían gracias a la caza y la recolección. La aparición de la agricultura y el pastoreo se da en el Neolítico, es decir hace menos de 10.000 años, por lo que genética y biológicamente somos exactamente iguales que entonces, y con este mismo “anticuado” equipamiento nos vemos hoy día obligados a desenvolvernos en las modernas sociedades urbanas, artificiales, industriales, tecnificadas y masificadas. En el contexto de la supervivencia evolutiva es primordial contar con mecanismos adaptativos que nos permitan producir respuestas eficientes ante cualquier peligro presente o potencial. Parece lógico preguntarse si como seres creados por la naturaleza estamos capacitados para producir las respuestas que nos requiere el acelerado y cambiante contexto cultural actual que es nuestro nuevo medio ambiente.

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ANSIEDAD II

ESTRÉS, ANSIEDAD Y SISTEMA INMUNE

El estrés mantenido a lo largo del tiempo tiene una influencia negativa sobre nuestra salud física, y por tanto sobre nuestra calidad de vida. La percepción de nuestra ineficacia en el afrontamiento y resolución de situaciones estresantes al no conseguir deshacernos de las sensaciones que se originan por este estrés duradero en el tiempo, condicionan negativamente nuestro estado de ánimo y por tanto tienen una influencia directa y negativa sobre nuestras emociones y pensamientos. El sufrimiento psicológico producido por el estrés negativo o distrés provoca modificaciones bioquímicas que son perceptibles en los análisis químicos. A nivel neuroquímico y hormonal durante situaciones de estrés se elevan las cantidades de glucocorticoides vinculados con un incremento de la vigilancia o el estado de alerta, así como de la atención focal, pero su exceso implica déficits en el desarrollo, la reproducción y la adecuada respuesta inmune. Además con el estrés mantenido a lo largo del tiempo acaba produciéndose una disminución en la tasa de testosterona; que implica un menor grado de autoconfianza, disminución de la pro actividad, reducción de la capacidad de atención, incremento de la depresión anímica, menor capacidad para efectuar pensamientos asertivos, dificultad para buscar y encontrar soluciones o para desarrollar pensamiento lateral o creativo.

 

En la antigua Grecia, en la época de Hipócrates, se entendía que para conseguir el equilibrio y la salud, tan importante como la higiene eran el apoyo social y la placidez en lo emocional. Desde aquella época la Humanidad ha buscado la explicación de la salud y la curación de la enfermedad, concibiendo al ser humano como la suma de dos partes opuestas: cuerpo y mente. Y así llegamos hasta nuestros días, en los que se constata la necesidad de volver a unir éstas dos partes, ya que lejos de ser algo irreconciliable, descubrimos que son más bien dos caras diferentes del mismo dado.

 

Hoy día comprendemos que los tres grandes sistemas de comunicación química de nuestros organismo, nervioso, inmune y endocrino, lejos de funcionar como compartimentos estancos, se comunican entre ellos con el fin último de conseguir la supervivencia del individuo. Por lo que para poder explicar las bases biológicas de la conducta, no debemos centrarnos únicamente en el sistema nervioso, sino que debemos incluir a estos tres grandes sistemas y sus interrelaciones: la red neuro-endocrino-inmunológica.

 

Sabemos que las hormonas no causan las conductas por sí mismas, pero sí que las regulan, aumentando o disminuyendo la probabilidad de una conducta determinada, al activar o inhibir los circuitos neuronales implicados en la misma. Por otro lado, la experiencia, la conducta y las señales ambientales regulan la secreción hormonal, y crean una memoria de situaciones ambientales críticas con el fin de defender al organismo en situaciones futuras, al permitir reconocer con claridad y rapidez las señales ligadas a ese momento de estrés.

 

Tradicionalmente se ha considerado al sistema inmune como el único responsable de la defensa del organismo frente a los agentes patógenos externos, hasta llegar a la visión actual, más realista y compleja, en la que la barrera entre la salud y la enfermedad se fundamenta en el correcto y equilibrado funcionamiento de la red neuro-endocrino-inmunológica. Existe una regulación neural de la inmunidad, y a su vez, la actividad del sistema inmunológico afecta al sistema nervioso, la comunicación es bidireccional. Esta relación se establece fundamentalmente a través del Hipotálamo y el sistema nervioso autónomo, en especial la rama simpática que enerva órganos como la medula ósea, el timo, el bazo o los nódulos linfáticos, estrechamente relacionados con la producción y regulación de nuestras defensas inmunológicas. Por su parte el sistema endocrino, segrega hormonas en el torrente sanguíneo con efectos sobre la inmunidad; una de las más relevantes son los glucocorticoides, con un claro efecto inmunosupresor y anti-inflamatorio.

 

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ANSIEDAD III

COMPONENTE COGNITIVO-PENSAMIENTO. FACTORES SOCIALES

 

Este componente se refiere a lo que el individuo piensa y como consecuencia siente, en relación a la situación, y se manifiesta como sentimientos de preocupación, temor, inquietud y pensamientos anticipatorios sobre que algo indefinido y catastrófico va a ocurrir. Aparecen dificultades de atención y concentración, ya que se muestra una atención selectiva a los estímulos que provocan la ansiedad.

 

La capacidad humana de planear con cierto detalle el futuro tiene relación con la sensación persistente de que las cosas pueden salir mal y que debemos estar mejor preparados para ellas. Con cierto nivel de ansiedad aprendemos más rápidamente y actuamos mejor física e intelectualmente, por lo que tiene la función de prepararnos para afrontar amenazas futuras. La preocupación es el componente cognitivo de la ansiedad, sin embargo no toda preocupación resulta efectiva en la resolución de problemas, cómo la que deriva de una percepción excesiva de amenaza donde no existe o una preocupación que no resuelve problemas.

 

En cuanto a cómo procesamos la información que llega a nuestro sistema nervioso a través de nuestros sentidos, podemos distinguir dos formas, una automática y otra controlada. La primera es inconsciente y analiza la información en paralelo y rápidamente, la segunda requiere atención consciente, es secuencial, más lenta, analítica y creativa.

 

Así un estímulo emocional relevante provoca una reacción automática e inmediata que produce una movilización inespecífica de respuestas, con el fin de preparar al organismo para la acción si ésta fuese necesaria y una parte de los datos ya procesados de forma automática pasan a los mecanismos de procesamiento controlado, donde se evalúan las características de la situación, y posteriormente la capacidad del individuo para enfrentarse a dicha situación. Aquí adquiere gran relevancia la valoración cognitiva que hacemos de nuestra capacidad para enfrentarnos a la situación adversa y solucionarla solventemente, ya que sí valoramos que no seremos capaces de dar una solución eficaz, nuestra preocupación y agitación aumentarán todavía más, retroalimentando todo el proceso asociado a la ansiedad. El hecho de poder tener una valoración positiva sobre nuestra capacidad de afrontamiento eficaz, se complica enormemente cuando no nos es posible identificar con claridad cual es la situación que requiere nuestra intervención, lo que nos deja en una clara situación de indefensión. Esto está en la base de la relación entre ansiedad y depresión; el caracter difuso de las causas que originan la ansiedad y por tanto, la dificultad de poder focalizar nuestros esfuerzos hacia éstas.  

 

Una de las características de la ansiedad patológica es que la angustia y las preocupaciones que se experimentan están por encima de lo común. La preocupación y la tensión se vuelven crónicas aunque nada parezca provocarlas, se anticipan desastres o consecuencias negativas. El contenido de las preocupaciones puede ser el mismo que el de las personas normales, como por ejemplo las relaciones familiares, interpersonales, el trabajo, los estudios, la economía o la salud; lo que las distingue es que la ansiedad patológica es muy difícil de controlar o cortar, aun cuando se comprenda que la ansiedad es más intensa de lo que la situación justifica. En algunos trastornos existe una preocupación exagerada por asuntos menores como horarios y problemas cotidianos y, se orientan mal las habilidades de resolución de problemas existiendo mayor dificultad para tolerar la ambigüedad.

 

Llegados a este punto deberíamos preguntarnos cómo los mecanismos de estrés, miedo y ansiedad; que originalmente son herramientas adaptativas que nos permiten producir respuestas eficientes ante cualquier peligro presente o potencial; han pasado a ser la pandemia de las sociedades urbanas actuales, y lejos de servirnos para la solución de problemas se han convertido en un problema en sí mismos. Ya que el ser humano como organismo biológico, no ha tenido tiempo para realizar un cambio genéticamente sustancial, sólo podemos apuntar a lo que sí ha cambiado sustancialmente; y esto es la sociedad y su organización.

 

A partir de la última etapa del siglo XIX los occidentales basamos el desarrollo de nuestra sociedad en la creciente tecnificación, pensando que la ciencia y la técnica industrial nos darían todo el bienestar material del que nuestra especie había carecido hasta entonces, liberándonos de tareas repetitivas y rutinarias, descargándonos de horas de trabajo que se dedicarían al crecimiento personal, las artes, la cultura, el conocimiento y el cultivo del pensamiento. Y si bien, aunque hasta cierto punto es cierto lo primero, no ha sido así en absoluto con lo segundo. Otro aspecto que parece que no deseamos ver es que la Humanidad ha crecido en los últimos cincuenta años de manera exponencial, y si en la década de los sesenta éramos poco más de dos mil millones de seres humanos, ahora ya somos casi ocho mil millones y aumentando; queda poco espacio en el planeta, la densidad urbana ha crecido hasta límites cada vez más asfixiantes y la utilización de los recursos necesarios para mantener a esta masa de población, que antes se creían ilimitados, se saben hoy claramente insuficientes y están siendo sobrexplotados en una ciega carrera hacia adelante y sin sentido. En la última década además hemos “globalizado” el planeta, el estilo de vida consumista occidental es “El Dorado” que anhela la mayoría de la población del mundo, y es el modelo que el resto de sociedades están intentando alcanzar, para ver con tristeza cuando se acercan a él, que genera más problemas de que los que soluciona.

 

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